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XAVIER MASCARÓ

Talismán

18/03/2016 - 02/07/2016

Catálogo de la exposición

Obras y biografía del artista

La eficacia de las formas en la reconfiguración del mito

La imaginación escultórica de Mascaró abreva en los mitos de civilizaciones antiguas como la egipcia y las culturas del Egeo. No se trata únicamente de los referentes temáticos —la barca fúnebre, las máscaras micénicas—, sino que también la selección y el tratamiento de los materiales participan de esta evocación de una afectividad religiosa eterna. Para constatar la trascendencia de lo mítico en sus propuestas conviene visitarlas a diferentes horas del día, lo cual implica redescubrirlas bajo distintas incidencias de luz.

Mascaró quiere restituir el valor del mito y la esencia supersticiosa del hombre antes de ser refinados por la cultura. En lugar de la concepción an- tropomórfica de los dioses, prefiere su existencia totémica originaria, como si volviéramos a Apolo en su condición de dios ratón, anterior a su asociación con la lira. Nada expresa mejor en su obra este rechazo hacia el estadio sofistica- do del mito, que su interés por las texturas azarosas, inacabadas y ásperas. Las piezas concebidas a modo de tótem son representativas de este regodeo en la apariencia bruta del hierro fundido. Son obras que parecen recién ex- humadas de un contexto arqueológico —el enterramiento de un héroe, una sacerdotisa, un chamán—, reinstaladas en la galería sin desprenderse de su misión de acompañantes hacia una sobrevida trascendente. Esta eficacia sim- bólica de la forma es la que seduce a Mascaró y es la que le proporciona una serie de moldes contundentes, desde los cuales vuelven a hablar los mitos. Su obsesión por la máscara podría leerse en este sentido, por cuanto se trata de una forma recurrente en el imaginario compartido de las culturas antiguas en torno a la muerte y el renacimiento. Presenciamos por tanto un acto de reac- tivación de un canon genésico que vuelve a funcionar sin necesidad de afeites o artificios.

La pasión por la condición primordial del mito explica el desinterés del escultor por los logros que alcanzaron los momentos “clasicistas” del arte antiguo. No le interesan los bronces pulidos de la glíptica griega, ni las mag- níficas contorsiones de la escultura helenística: prefiere la huella del orfebre que quedó en la máscara del falso Agamenón; y cuando recupera las formas grecolatinas del torso y el busto, les anula esta herencia al imprimirles una apariencia medieval. No es el busto romano, preciosista y tristemente realista el que me motiva —confiesa el artista— sino aquel que el artesano de Amarna olvidó en su taller, inconcluso y eterno.

El amuleto más poderoso

Xavier Mascaró tiene plena consciencia de que el valor primigenio del mito sobrevivió en la mentalidad religiosa de la Alta Edad Media, su otro gran repositorio figurativo. A partir de la intuición de este puente, el artista explora las formas arquetípicas de ese universo simbólico, donde la cruz y el exvoto tendrán la primacía. Sus cruces de cristales, como las preciadas gemas del Medioevo, quedan resguardadas por armazones oscuras y rústicas, tan parecidas a los miedos genuinos, de los seres que esperaban el fin del milenio. Protección ante aquellos pavores, el escultor rescata a la cruz como el amuleto más poderoso de la cosmovisión cristiana —Relicario—, al mismo tiempo que coexiste con los exvotos en forma de brazos suplicantes —Invocación—, en una suerte de conciliación entre “alta” religiosidad y devoción popular. Ambos motivos conectan a Mascaró con el mundo figurativo de un Tàpies, quizás su gran ascendente artístico, lo cual lo revela como un genuino continuador de la dimensión dual que ha caracterizado a la tradición escultórica de vanguardia catalana, debatida entre la presencia matérica y la condición espiritual de la obra de arte.

Reynier Valdés Piñeiro (Ciudad de México, 6 de marzo de 2016